Joan Martínez Alier
Catedrático, Dpto. de Economía e Historia Económica
de la Universidad Autónoma de Barcelona
Presidente de la Internacional Society for Ecological Economics

  

Desde hace quince años se viene hablando, escribiendo y discutiendo de la Deuda Ecológica que los países del Norte tienen con el Sur, a cuenta de la explotación casi gratuita de los recursos naturales desde hace siglos, a cuenta también de la biopiratería, y a cuenta del uso desproporcionado de los océanos, la nueva vegetación, los suelos y la atmósfera para depositar los gases con efecto invernadero. Hablar de Deuda Ecológica es lo mismo que hablar de terribles injusticias ambientales y sociales que no han sido reparadas y que aumentan cada día que pasa.

Los países del Sur a los cuales les exigen pagar la Deuda Externa no son pues realmente deudores sino acreedores de una Deuda Ecológica que es mucho mayor que la Deuda Externa. El tema es conocido entre activistas del Sur, ya sea en los movimientos ecologistas o en movimientos de las iglesias como el Jubileo Sur. Pero los gobiernos del Sur son todavía reacios por timidez, por realismo, o por complicidad con el Norte, a asumir la reivindicación de la Deuda Ecológica. Esta se hace presente sobre todo en reuniones alternativas como las del Foro Social Mundial, aunque tampoco allí logra aún un interés mayoritario porque una parte de la izquierda  tradicional es ciega todavía hacia los asuntos ambientales.

Para entender hoy en día el funcionamiento de la economía no podemos prescindir del análisis ecológico. Al crecer la economía mundial, ésta usa cada vez más energía y materiales. La economía no se desmaterializa. De ahí la corriente neta de exportaciones del Sur al Norte que este libro documenta para el caso español. Nuestro socio comercial más importante en cuanto al volumen de importaciones no es el continente europeo sino el continente africano. El Sur exporta mucho más que importa para dar así los materiales y energía que el Norte requiere para su desmesurado metabolismo social. El Sur practica, a la fuerza, la regla de San Garabato: “compra caro y vende barato”.

Acepta ese comercio económica y ecológicamente desigual y además acepta sin protestar el cambio climático, que es responsabilidad histórica y actual del Norte. Acepta también mansamente las exportaciones de residuos tóxicos del Norte al Sur. Los pobres siempre han vendido baratos su trabajo y su salud, no porque les falte conciencia sino por necesidad.

Actores de primera línea en estos trasiegos son las empresas transnacionales, y entre ellas, especialmente en la América latina, empresas y bancos españoles como Repsol-YPF, Endesa, Unión Fenosa, Aguas de Barcelona, ENCE (empresa de celulosa), La Caixa, el Banco SCH, el BBVA y algunas otras. Como se explica caso tras caso en este excelente libro, todas ellas están acumulando grandes Pasivos Ambientales que no aparecen aún en sus balances y cuentas de resultados porque estos están mal hechos. Los accionistas deben conocer lo que se hace y lo que se oculta en su nombre.

También los consumidores (de aluminio u oro, de madera o de pasta de papel, de camarones o flores importadas, o de petróleo o gas) deberían saber de dónde proceden los bienes que consumen y cuáles con los costos sociales y ambientales que han causado –en la forma de zonas devastadas y poblaciones agredidas– aunque esos costos no estén incluidos en los precios que los consumidores pagan.

Así pues, este esfuerzo de un grupo de jóvenes autores de distintos lugares de la Península Ibérica y de otros países europeos para explicar en lenguaje sencillo a sus conciudadanas y conciudadanos lo que ocurre en el mundo, no merece más que elogios. Se muestra aquí que el concepto de Deuda Ecológica sirve para entender y denunciar muchas injusticias que suceden, en el marco de una explicación bien informada y coherente. La realidad es tan fuerte que no necesita ser exagerada.