Que por su único hijo, nuestro Señor Jesucristo, nos otorgue los enviados espirituales reveladores de sus secretos, de los que el hombre puede servirse sin ofender a Dios.


Los espíritus olímpicos habitan el firmamento y los astros. Ejecutan el destino y administran los acontecimientos, con permiso de Dios.


Observa estas leyes y los ojos de tu alma
se abrirán a la comprensión de los secretos.
Tendrás mensajes de los ángeles de Dios y servicios
perfectos de los espíritus de la naturaleza.

 
ĦInvoca en toda cosa el nombre del Señor!