JALONES DE DERROTA, PROMESA DE VICTORIA
TEORÍA Y PRÁCTICA DE LA LUCHA DE CLASES
REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN RUSIA
El interes por la Revolución
y la Guerra Civil españolas sigue vivo. No sólo por la innumerable
cantidad de libros publicados recientemente sobre el tema, sino también
por el debate social abierto en torno a la "defensa de la memoria" del
llamado bando perdedor. Jalones de victoria,
promesa de victoria aporta elementos esenciales para la compresnsión
de estos hechos: escrito por un actor directo en los acontecimientos unos
años después de finalizar la guerra civil, demuestra con
datos y argumentos como la victoria militar de Franco fue resultado de
la política contrarrevolucionaria del Frente Popular a las órdenes
del indebidamente llamado Partido "Comunista" de España, que contó
además con la complicidad de las direcciones de las organizaciones
situadas a su izquierda, la CNT-FAI y el POUM, que no supieron,
o no quisieron, oponerse revolucionariamente al estalinismo. Restituir
la memoria histórica pasa por señalar los auténticos
culpables del aplastamiento de la revolución social llevada a cabo
en Julio de 1936: en ello este libro es pionero y ejemplar por la profundidad
de su análisis.
Los textos recogidos en este primer volumen de las Obras Completas de Munis están íntegramente dedicados a analizar en profundidad el surgimiento del stalinismo en la revolución rusa, su naturaleza social y las implicaciones políticas que tiene para el conjunto del movimiento revolucionario. Para Munis, sin una cabal comprensión del stalinismo, el transcurso de la lucha de clases durante el siglo XX es enteramente incomprensible: la continua derrota del movimiento revolucionario, el fuerte crecimiento del capitalismo después de la segunda guerra imperialista mundial, la completa postración del proletariado, la ausencia de una genuina lucha por el comunismo, el afloramiento de ideas y movimientos reaccionarios, son todos aspectos ligados entre sí, aún cuando haya pasado absolutamente desapercibido para la mayoría de personas que han reflexionado sobre los avatares de la lucha de clases en lo que va de siglo.
La mayor derrota del proletariado en toda su historia no ha sido verse rechazado por la burguesía a posiciones defensivas, si no que se produce en el hecho de que del seno mismo de la primera tentativa de revolución comunista mundial haya surgido una fuerza contrarrevolucionaria capaz de desorientarlo hasta el extremo de perder el significado de lo que es la liberación social. Para Munis y sus camaradas, sin una dilucidación previa de las causas y del sustrato material en el que hunde sus raíces el stalinismo, toda tentativa de reevaluación de las ideas revolucionarias estará abocada al fracaso.
Para comenzar a superar esa derrota es necesario destruir la monstruosa mentira que sostiene que en Rusia ha existido una sociedad emparentada con el comunismo, aunque sea de forma imperfecta. Bien al contrario podríamos afirmar que de todos los regímenes políticos habidos hasta el presente, el ruso fue el mas alejado de todo cuanto concierne al comunismo, convirtiendo todos los rasgos de éste en su contrario. Ahora bien, engaño de tal magnitud sería del todo inimaginable si el stalinismo no hubiera disfrutado del beneficio de haberse amparao en el prestigio de la revolución y del partido sobre los cuales se encumbró, presentándose como los protagonistas de la revolución rusa y los auténticos herederos del partido Bolchevique, por el contrario el stalinismo es el estrangulador del proceso revolucionario que se había abierto, proceso complejo y dificultoso, y siempre entendido como la avanzadilla de la revolución que se vislumbraba en Europa, sin la cual no se creía posible la realización del socialismo en un país atrasado. Y sí efectivamente hubo continuidad del partido, en modo alguno de su programa político, la perversión reaccionaria stalinista no está determinada por el ideario político del bolchevismo, más bien la aparición de uno lleva aparejada la aniquilación del otro, como así sucedió. Otro factor ha contribuido a prolongar en el tiempo este equívoco, en esta ocasión proveniente del campo mismo de los revolucionarios, ya que los oponentes al stalinismo han mostrado una crítica roma, incapaces de sacar todas las consecuencias necesarias sobre el stalinismo por su apego a nociones políticas que los acontecimientos convertían en ideas del pasado, y es que sin una evaluación crítica de la revolución rusa se hace imposible desentrañar en toda su complejidad lo sucedido. Largo y laborioso ha sido el rearme teórico capaz de permitirnos sondear con mayor penetración en el pasado, abriéndonos a la vez perspectivas más firmes para el futuro, no otra es la motivación de las páginas que siguen.
El primer texto Los revolucionarios ante Rusia y el stalinismo mundial pertenece al período de discusión en el interior del movimiento trotskista. Después de la conferencia de Emergencia de la IV Internacional, celebrada en mayo de 1940, comienza la deriva oportunista de la IV internacional hacia posiciones de claro abandono del internacionalismo ante la guerra imperialista: una interpretación derechista de la consigna "defensa incondicional del estado obrero" formulada por el mismo Trotsky , aunque de la misma no se desprendía tal lectura, y un desplazmiento hacia la participación en los movimientos de resistencia nacional antifascistas en Europa, provoca el primer punto serio de discrepancia, brecha que irá ampliándose hasta la ruptura definitiva en 1948. En este contexto Munis escribe El socialist Workers Party y la guerra imperialista, en el que hace un dramático llamamiento a la mayoría de la Internacional para que volviese por los fueros del internacionalismo, único punto de anclaje que podía permitir a los revolucionarios asumir las tareas que tenían ante sí. Es durante el marasmo de la guerra imperialista, analizando los acontecimientos que sucedían en Europa, añadida a una reflexión crítica sobre la revolución española, iniciada en 1941, cuando Munis y sus camaradas más cercanos consideran llegado el momento de acometer una reevaluación de las posiciones políticas que habían defendido con anterioridad. Reevaluación que tenía que desembocar en una nueva caracterización de la naturaleza social del stalinismo, en precisar el nuevo periodo histórico que se abría y en una redefinición de la táctica comunista proyectada hacia el futuro. El manifiesto de los exégetas de Benjamín Péret* y Los revolucionarios ante Rusia y el stalinismo mundial, ambos fechados en 1946, era el primer intento de abordar los acuciantes problemas teóricos a los que estaban abocados la totalidad de revolucionarios de aquel periodo.
En esta última obra quedan esbozadas las posiciones que Munis sostuvo hasta su muerte, retomadas nuevamente en Partido-Estado, Stalinismo, Revolución, fechado en 1974, donde las profundiza y desarrolla en extenso, enriqueciéndolas con la perspectiva global que proporcionan treinta años de experiencia y reflexión sobre el tema. En ellas Munis contrapone las realizaciones llevadas a cabo en Rusia con las características precisas que definen una sociedad de rasgos comunistas: no hay ninguna relación entre estatalización de los medio de producción y socialismo, más bien lo contrario, cualquier organismo o partido que no sea la clase obrera en su conunto tenderá a apropiarse la plusvalía y a mantener los mecanismos de la explotación. Por consiguiente, el período de transición debe dar cuenta del carácter comunista de la revolución, también en el terreno de los medios de producción, ya que, como decía Marx, de lo que se trata es de erigir una barrera infranqueable, un obstáculo social que vede a la clase obrera tener que venderse al capital. Si bien la toma del poder político es garantía de las realizaciones sociales, estas no podrán enraizar si no es atacando, desde el principio, las bases de la acumulación. La revolución o es social desde sus inicios o está condenada al fracaso. No otra cosa aconteció en Rusia: revolución política, permanente en el sentido que le daba Trotsky, pero que no destruyó la estructura económica del capital, que no reside en el burgués ni en los monopolios, sino en lo que Marx llamaba la relación social capital-salariato. La ausencia de una burguesía poseedora de los medios de producción, ya que todos ellos fueron concentrados en manos del Estado, y la indudable continuidad del partido bolchevique, aunque no de su programa político, provocó la mayor desorientación entre los revolucionarios, confusión que perdura hasta el día de hoy. Tres factores presentes en los inicios del siglo pasaron desapercibidos para la mayoría: la presencia de una sociedad capitalista a nivel mundial que determinaba las tareas a realizar por la revolución, la conversión profundamente reaccionaria de la burguesía en relación al nuevo periodo de revolución comunista mundial y el hecho de que la propiedad privada hubiera dejado de ser fuente de expansión capitalista. En la ligazón de estos tres elementos con lo sucedido en la revolución rusa está la clave del desarrollo posterior. Sin una auténtica realización comunista y la liquidación de la burguesía como factor histórico, el capitalismo de Estado apareció como la última expresión del capitalismo: la máxima concentración del capital, encabezando, segregando y organizando la decadencia social.
El conjunto de artículos seleccionados son testimonio de la permanente atención que Munis prestó a los avatares del stalinismo, analizando pormenorizadamente sus movimientos y aplicándole la acerada piqueta de la crítica, sin dejar pasar las ocasiones que se le ofrecían para mantener vivos los conceptos básicos del marxismo. La muerte le sobrevino a Munis sin poder ver la caída del muro de Berlín, privándonos de su apasionada defensa del comunismo, presta a desenmascarar las más infames mentiras.
Ante los acontecimientos de 1848,
apuntaba Marx que la verdadera fuerza de la revolución, el mejor
legado que iba a recibir el movimiento posterior a esas jornadas, consistía
en desprenderse de falsas concepciones, focalizar mejor al enemigo que
se tenía delante y, en momentos históricos de importancia,
saber aprender más de las grandes derrotas que de las pequeñas
victorias. Las páginas que siguen tienen el mismo tono, la misma
rotundidad, la misma hondura que las palabras proferidas por Marx. Una
vez en el mundo estas ideas, sólo queda apropiárnoslas, convertirlas
en el cerebro de la pasión, de lo que ayer, hoy y mañana
seguiremos llamando comunismo.