El autor
 
G. Munis (18-4-1911/4-2-1989), nació en Torreón (México). A los dos años sus padres se trasladaron a Extremadura, donde vivió hasta los once años, en que regresaron de nuevo a México. Se inició desde muy joven en las actividades políticas.
Intervino en las huelgas campesinas de Llerena. Fue uno de los fundadores de la Oposición Comunista de Izquierda en España, esto es, de la organización internacional impulsada por León Trotsky. Colaboró en la prensa de la Izquierda Comunista de España (nuevo nombre adoptado por la Oposición comunista): La Antorcha, El Soviet, Comunismo. Intervino sucesivamente en la campaña de las elecciones municipales de abril de 1931, que consiguieron derrocar a la monarquía, y luego en la campaña de las Cortes Constituyentes. Meses después, en México, contribuyó a la fundación clandestina de la Oposición trosquista. Detenido en un mitin fue expulsado del país, y regresó de nuevo a la península.

De 1932 a 1933 fue miembro del grupo Lacroix. Cumplido el servicio militar fue nombrado a principios de 1934 representante de la Izquierda comunista en la Alianza Obrera de Madrid. Tras la insurrección de octubre del 34 fue encarcelado. Partidario del entrismo en las Juventudes socialistas, como propugnaba Trotsky, siguió la tendencia encabezada por «Fersen» y Esteban Bilbao. La táctica entrista de los trosquistas fracasó totalmente cuando se produjo la fusión de las Juventudes socialistas y comunistas.

A principios de 1936 Munis se fue a México de donde regresó en cuanto tuvo noticia de la sublevación militar y la insurrección obrera de julio. Consiguió pasaje para regresar a España en el primer barco cargado de armamento, que arribó a Cartagena a finales de octubre. Participó junto a sus compañeros en los combates del frente de Madrid, encuadrado en las milicias socialistas.

En noviembre de 1936 Munis fundó en Barcelona una nueva organización: la Sección bolchevique-leninista de España (SBLE), pro IV Internacional. La organización fundada por Munis publicó un Boletín desde enero de 1937, quea partir de abril tomó el nombre de La Voz Leninista, en el que se criticaba a la CNT y el POUM su colaboración con el gobierno de la burguesía republicana, al tiempo que se propugnaba la formación de un Frente Obrero Revolucionario que tomase el poder, hiciera la revolución y ganase la guerra.

En mayo de 1937, sólo la Agrupación de Los Amigos de Durruti y los bolchevique-leninistas (BL) de la SBLE lanzaron octavillas que propugnaban la continuación de la lucha y se oponían a un alto el fuego. Fueron las únicas organizaciones que intentaron dar una dirección revolucionaria al movimiento espontáneo de los trabajadores. La represión estalinista, tras la caída del gobierno de Largo Caballero, consiguió la ilegalización y proceso del POUM, pero también de Amigos de Durruti y de la SBLE. Al asesinato de los anarquistas Berneri, Barbieri y tantos otros de menor fama, siguió el asesinato y desaparición de los poumistas Nin y Landau, pero también de los camaradas de Munis: el hebreo alemán Hans David Freund («Moulin»), el ex-secretario de Trotsky Erwin Wolf («N. Braun»), y su amigo personal Carrasco.

El propio Munis, con la mayoría de los militantes de la SBLE, fue encarcelado en febrero de 1938. Fueron acusados de sabotaje y espionaje al servicio de Franco, de proyecto de asesinato de Negrín, «La Pasionaria», Díaz, Comorera, Prieto y un largo etcétera; así como de asesinato consumado en la persona del capitán ruso Narvich, agente del Servicio de Información Militar (SIM) infiltrado en el POUM. Fueron juzgados por un tribunal semimilitar, a puerta cerrada, e inicialmente sin defensa jurídica. El fiscal pidió pena de muerte para «Munis», Domenico Sedran («Carlini») y Jaime Fernández. Las presiones internacionales y la voluntad de las autoridades de que el juicio se celebrara con posterioridad al del incoado contra el POUM, aplazaron la vista hasta el (26 de enero de 1939).

Jaime Fernández, internado en el campo de trabajo stalinista de Omells de Na Gaia, y posteriormente movilizado, logró evadirse en octubre del 38. unis, que tras una huelga de protesta de los presos revolucionarios, estaba encarcelado en el castillo de Montjuic, en el calabozo de los condenados a muerte, consiguió evadirse en el último momento. «Carlini», enfermo, vivió algunos meses escondido en la Barcelona franquista, y cuando consiguió pasar la frontera fue internado en un campo de concentración. Munis había alcanzado la frontera francesa con el grueso de la avalancha de refugiados republicanos, que huían ante el avance de las tropas franquistas. Años después, ya en el exilio, le confesaron la existencia de una orden para ejecutar a todos los presos revolucionarios antes de retirarse hacia la frontera.

La Lutte Ouvrière, publicó en sus números del 24-2-39 y 3-3-39 una entrevista con Munis sobre la caída de Barcelona en manos fascistas. A fines de 1939, gracias a su nacionalidad, consiguió embarcar con destino a México, pero los intentos de conseguir refugio para sus camaradas fracasaron ante la oposición de los stalinistas a la concesión del visado. Estableció una asidua relación personal con León Trotsky y su mujer Natalia Sedova. Trotsky le encargó la dirección de la sección mexicana. En mayo de 1940 participó en la llamada conferencia de «alarma» de la IV Internacional.

En agosto de 1940, tras el asesinato de Trotsky, en cuyos funerales tomó la palabra, intervino repetidamente en el proceso incoado contra su asesino como representante de la parte acusadora. Se enfrentó decididamente contra los parlamentarios stalinistas, así como contra la campaña de la prensa estalinista mexicana, que acusaba a Munis, «Víctor Serge», «Gorkin» y Pivert de agentes de la Gestapo. Pese a la amenaza de muerte realizada por los stalinistas, Munis retó a los diputados mexicanos que les calumniaban a renunciar a la inmunidad parlamentaria para enfrentarse a ellos ante un tribunal.

A partir de 1941 se unió a Benjamín Péret, también exiliado en México, y a Natalia Sedova, en las críticas al Socialist Workers Party (SWP), la organización trosquista estadounidense, que tomaa partido por uno de los bandos de la guerra imperialista (Segunda guerra mundial), esto es, por el antifascismo.

Las divergencias se acentuaron ante la crítica del Grupo Español en México a los partidos francés e inglés, apoyados por la dirección de la IV Internacional, que tomaban posiciones favorables a la participación en las distintas resistencias nacionales contra los nazis. El inmenso mérito de Munis, Péret y Natalia radicaba en la denuncia de la política de defensa del Estado «obrero degenerado» de la URSS, conjuntamente con el rechazo al apoyo de las resistencias nacionales antifascistas. El bando militar de los aliados, fueran éstos rusos, americanos, franceses o ingleses, no era mejor ni peor que el nazi. Abandonar la tradicional posición marxista de derrotismo revolucionario ante la guerra imperialista, esto es, optar por uno de los bandos burgueses en lucha, en lugar de transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria, suponía abandonar toda perspectiva revolucionaria de lucha de clases y de transformación de la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria.

Las discrepancias entre el Grupo español y la dirección de la IV Internacional fueron cada vez más amplias e insalvables. Las posiciones de Munis, Péret y Natalia Sedova hallaron eco en varias secciones de la IV Internacional: en Italia el Partito Operaio Comunista (POC) dirigido por Romeo Mangano, en Francia la tendencia Pennetier-Gallienne del Parti Communiste Internationale (PCI), así como la mayoría de las secciones inglesa y griega.

El Grupo español en México de la IV Internacional editó dos números de 19 de julio, y desde febrero de l943 una publicación de carácter teórico, titulada Contra la corriente, destinada a defender los principios del internacionalismo marxista, que a partir de marzo de 1945 fue sustituida por una nueva publicación, de carácter más práctico y combativo, titulada Revolución.

En la editorial mexicana de mismo nombre Munis y Péret, este último bajo el seudónimo de Peralta, publicaron vaios folletos en los que desarrollaron sus teorías sobre la naturaleza del Estado ruso, que es definido como capitalismo de Estado, sobre la guerra imperialista y el papel de los revolucionarios, sobre la guerra civil española y el papel contrarrevolucionario jugado por el estalinismo, así como sus críticas a la Cuarta Internacional.

En junio de l947 Munis, Péret y Natalia Sedova iniciaron un proceso de ruptura con el trosquismo oficial con dos textos que criticaban duramente a la dirección de la Cuarta: la carta abierta al partido comunista internacional, sección francesa de la IV Internacional, y «La Cuarta Internacional en peligro», preparado para la discusión interna del Congreso mundial.

En l948, ya establecidos Munis y Péret en Francia, se produjo la ruptura definitiva con el trosquismo en el II Congreso de la IV Internacional. El congreso se negó a condenar la participación de los revolucionarios en la defensa nacional, esto es, en la resistencia, y aprobó una resolución en la que se presentaba la rivalidad USA-URSS como la principal contradicción mundial. Esto, unido a la consigna de la defensa incondicional de Rusia, porque pese a todo era considerada como un Estado obrero degenerado, suponía defender el stalinismo. Y lo que era aún mucho más grave: suponía sustituir la contradicción marxista fundamental de la lucha de clases entre burguesía y proletariado, por la nacionalista de apoyo a la URSS en su rivalidad con USA.

Munis calificó estas posiciones del II Congreso de la IV Internacional de aberrantes y elaboró un documento de ruptura con el trosquismo por parte de la sección española, en el que profundizaba y confirmaba la definición de Rusia como capitalismo de Estado, sin vestigio socialista alguno, y como potencia imperialista.

Con la llegada a Francia del Grupo español en México y la ruptura con el trosquismo, se impuso un cambio de nombre de la organización, que tomó el de Grupo comunista internacionalista de España (GCI). La reorganización del grupo en Francia era el primer paso parael inicio de la lucha clandestina en España. El grupo consiguió establecer una mínima infraestructura en Barcelona y Madrid. Publicaron y difundieron algunos folletos y octavillas en los que se denunciaba los horrores y la auténtica naturaleza del stalinismo español y de la dictadura fascista. En marzo de 1951, durante la huelga general de tranvías en Barcelona, el grupo lanzó octavillas en las que se defendía el carácter espontáneo del movimiento, frente a una propaganda franquista que lo atribuía a los consabidos masones y comunistas pagados por el oro de Moscú.

A causa de esas octavillas y de los folletos que denunciaban la política contrarrevolucionaria de los stalinistas en España Munis fue condenado a diez años de prisión, Jaime Fernández a ocho años, y diversos camaradas a un año. Habían sido detenidos aproximadamente un año después de la huelga de tranvías.

A su salida de la cárcel en 1957 Munis reanudó en Francia su actividad política. En 1958 fundó con Benjamín Péret, el poeta surrealista francés, con Jaime Fernández, y otros antiguos camaradas de lucha, el grupo FOR (Fomento Obrero Revolucionario), en el que militó hasta su muerte, y que desde 1959 publicaba Alarma como órgano del citado grupo. Benjamín Péret falleció en 1959. Jaime Fernández en julio del 98.

Al no obtener documentación de residencia en Francia, Munis viajaba a Italia para luego poder regresar a Francia. En este periodo sostuvo amplias y profundas discusiones con Onorato Damen, el dirigente del grupo Battaglia Comunista, de las que surgieron una mutua simpatía y respeto. Las tesis de FOR fueron difundidas en Italia por la revista Azione Comunista. En Milán fechó dos de sus textos teóricos más importantes: Los sindicatos contra la revolución en 1960 y Pro Segundo Manifiesto Comunista en 1961.

En el momento de su muerte nos dejó ya acabado un nuevo libro, dedicado al estudio del Estado y los problemas que plantea su supresión en una sociedad comunista.

Munis falleció en París el 4 de febrero de 1989.